Simbología oculta en Metrópolis, I parte

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Hace ya un tiempo, hicimos una reseña de la película Metrópolis desde un punto de vista artístico y centrada en su contenido político y social. Comentabamos entonces que la película tiene una potencia visual arrolladora que se asienta en la enorme carga de imágenes de simbóligía masónica y religiosa. En un primer visionado se nos pueden pasar por alto muchas de estas imagenes, pero nada es casual en Metrópolis, cada plano está estudiado con detalle y el contenido simbólico está ahí, listo para ser interpretado. Tratar de desentrañarlo nos llevará a poder apreciar esta película desde nuevas perspectivas.

Quiero hacer en esta ocasión un recorrido por los principales puntos de la película, pero en Metrópolis hay mucha tela que cortar, y este artículo podía resultar largo, incluso denso, por eso he decidio dividirlo en dos partes que contendrán spoilers. Avisados quedáis.

La pirámide, símbolo universal

La carga simbólica en Metrópolis se puede apreciar desde el mismo comienzo de la pelicula. Ya en la primera escena observamos una serie de formas piramidales sobre los rascacielos de la ciudad. La pirámide, símbolo masónico por excelencia, representa la iluminación a la que aspira todo iniciado. En la película, hace referencia a que la gran ciudad que tenemos ante nosotros fue construida buscando la perfección.

Pero si la ciudad de la superficie es deslumbrante, bajo la superficie se haya su contrapartida. Esto se anuncia con una pirámide invertida que forma parte de la maquinaria que hace funcionar la ciudad y que se haya en el subsuelo.
Esto es una referencia al principio hermético de la correspondencia del Kybalion, una corriente de pensamiento que se remonta al antiguo Egipto. Según este principio, todos los planos de existencia se hayan conectados y en correspondencia.

La racionalización del tiempo

Si a todos nos suelen faltar horas en el día, en Metrópolis la cosa aún se pone peor. Aparece un reloj de 10 horas que luego sabremos que se encuentra en el despacho del amo de la ciudad. Esto es una crítica a la racionalización del tiempo supeditado al sistema económico. El reloj marca el ritmo de la sociedad oprimiéndola y lo hace de forma tan precisa como inhumana. En este reloj el número 8 se asemeja a una S en la tipografía gótica que fue la utiliza por los nazis. Parece un detalle superfluo, pero que junto al resto de la simbología de la película, se convierte en un indicativo más de que no estamos ante un simple divertimento y que el film refleja los posicionamientos ideológicos que se están formando entre determinados grupos dentro de la sociedad alemana de la época.

Cambio de turno

Una alarma en la superficie (otra forma piramidal) anuncia el cambio de turno. Vemos a los trabajadores que hacen funcionar la maquinaria descendiendo por el ascensor que conecta la superfice con la ciudad de los trabajadores en el subsuelo. Todos están vestidos por igual, caminando de forma sincronizada y con la cabeza baja en gesto de sumisión y resignación.
Los trabajadores son representados como ganado humano, un «rebaño desconcertado». Según algunas corrientes de pensamiento de la época el pueblo, la masa trabajadora, no está capacitada para tomar las riendas de su destino. Este idea sería utilizada posteriormente por el nazismo. Hitler llegó a decir «¡Qué suerte para los líderes que los hombres no piensan!». Los trabajadores en Metrópolis son simples esclavos, cuya función es ser explotados. No necesitan pensar, ni merecen derechos que les distraigan de su función. Los deshumanizados trabajadores son una pieza más en el engranaje de la monstruosa máquinaria de un complejo industrial infernal.

Texto en forma piramidal

Un texto (mostrado en una llamativa forma piramidal) nos devuelve a la superficie describiendonos las maravillas de «el club de los hijos» destinado al disfrute de los hijos de la clase dominante, los pensadores. Está ciudad utópica y deslumbrante, sin embargo, sólo puede sostenerse con la existencia de la Máquina (Moloch) y el sacrificio de los trabajadores. Es la referencia al dualismo ocultista, el principio de correspondencia mencionado anteriormente y que se representa gráficamente con el hexagrama o sello de Salomón. ¿Os suena?

Sello de Salomón de Anam Sharif, libro de oraciones y extractos del Corán, Imperio Otomano, 1761-2


Vemos después los «Jardines Eternos» donde Freder se entretiene persiguiendo a jovenes damas que participan del juego. En estos jardines se ven unas columnas inspiradas en una naturaleza que es inexistente en Metrópolis fuera de estos jardines. Esta columnas se parecen a las diseñados por Antonio Gaudí en el Park Güell en Barcelona, un espacio inaugurado una año antes de la presentación del film y que fue diseñado para las clases acomodadas de esta ciudad.

Los «Jardines Eternos»

Aparece en la escena un pavo real que no despliega su cola, junto a una fuente (fuente de la vida). Esto es un símbolo de la resurrección de Cristo, del renacimiento espiritual asociado con la eternidad del alma humana.

Al momento, desde uno de los accesos a los jardines aparece una chica cuidando de unos niños harapientos. Es María de quien Freder se enamora al instante y la sigue, descubriendo el horror que se oculta en el subsuelo de esta ciudad idílica y las duras condiciones en que viven los trabajadores y sus hijos.

Freder, el hijo del creador y amo de la ciudad Joh Fredersen, baja cual mesias al mundo inferior y descubre horrorizado las penosas condiciones de vida de los trabajadores. Las horas transcurren interminables, en un trabajo repetitivo y alienante que destruye la voluntad del hombre, privándole de su libertad. Los trabajadores están obligados a actuar en perfecta sincronía con la máquina y cualquier desvio en su cometido puede tener consecuencias fatales tal y como descubrirá Freder.

Ofrenda a Moloc. Ilustración de Charles Foster (1897)

En un momento dado la máquina es comparada con Moloch, una antigua deidad semítica honrada para los sacrificios humanos para su purificación.
Moloch es una evidente encarnación del mal, representada como un hombre con una cabeza de un toro o buey. El origen de Moloch como deidad es poco claro, pero su figura fue adorada tanto por fenicios como cartagineses o cananitas y también por los hebreos. Está deidad es mencionada en la biblia, asimilada en ocasiones con el dios Baal, como un símbolo del fuego que purifica el espíritu.
En el film, Freder imagina al Dios como una enorme estructura, cuya larga escalinata termina en el fuego abrasador que emana de su boca abierta. En la biblia Moloch-Baal es otra forma de referirse al mismo Satanás.

La Torre de Babel, pintura al óleo sobre lienzo de Pieter Brueghel el Viejo.(1563)

Impresionado aún por su descubrimiento, Freder se dirige al despacho de su padre situado en la «nueva torre de babel». En la película se toma del mito biblico la idea de pretender alcanzar la divinidad construyendo una torre, pero queda patente que los trabajadores y los arquitectos no hablan la misma lengua y por tanto no se entienden.

En la Torre de Babel vemos al magnate Joh Fredersen, fundador y gobernante absoluto de Metrópolis. Fredersen sostiene en su mano un compas, una alusión a que él es el el Gran Arquitecto, un dios creador que gobierna el mundo material.


También lo vemos con la mano oculta en su chaqueta. Podéis encontrar infinidad de imagenes de lideres y personajes relevantes del mundo retratados haciendo este gesto. La «mano oculta» se encuentra entre los rituales del Grado del Real Arco de la Masonería. Los miembros de este grado son denominados compañeros y tienen derecho a una explicación completa de los misterios de la orden.

Fredersen llama Grot, el capataz del mundo de los obreros, cuyo nombre alude al significado de gruta, pero también de «Victoria». Este le trae unos planos crípticos utilizados por los trabajadores para llegar a lo más profundo de la caverna en busca de María (la sabiduria).
Fredersen pide explicaciones a su ministro Josaphat por haber sido el capataz y no él quien le llevara los informes y acto seguido lo despide (lo que equivale a ser desterrado de las alturas). El nombre de Josaphat es de origen hebreo y significa «Yahvé juzga». A su vez el nombre Fredersen, Joh (o Johan) significa el que todo lo sabe o el guardian del cielo.

Freder desciende entonces al nivel inferior donde intercambia el puesto con Georgy, un agotado trabajador que le cede una gorra con el número 11811, cuyo significado es el logro de la iniciación perfecta o la realización del Hombre Universal, el prototipo humano. El 11, la fuerza, abraza al 8, el infinito. Freder se convierte así en una especie de mesias, un salvador llegado desde las alturas.

Continua en la segunda parte…


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Esta entrada tiene un comentario

  1. Bruja del Sur

    ¡¡¡Deseando leer más de toda la simbología que oculta Metrópolis!!! Gran trabajo 👏👏👏👏

    (5/5)

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