RESEÑA: Wan Xia

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Año:
2021

Duración: 71 min.

País: España

Dirección: Silvia Rey Canudo

Guion: Silvia Rey Canudo

Montaje: Silvia Rey, Cesar Velasco Broca

Sonido: Nicolas Tsabertidis

Fotografía: Julian Elizalde

Producción:  Luis Angel Ramirez

Compañía Productora: Imval Madrid Sl



Sinopsis: La directora Silvia Rey vuelve al Club de Mayores Chinos de Madrid para rodar su nueva película en plena preparación de la fiesta de su aniversario. El fantasma de Barco Pequeño se pasea aburrido por el club deseando escaparse y volver a China, y el protagonista de la anterior película de la directora, Fundación de la República, deja a otro bedel a su cargo y viaja a su ciudad de origen, Qingtian, para acompañar al equipo de rodaje a capturar el Wan Xia, la última luz del atardecer.

Cuando veis un atardecer, ¿qué os transmite? Hay algo inevitablemente bello en ellos, eso es cierto, pero también una cierta tristeza como algo que se acaba, que muere. Puede que sea algo esperable, que parte de esa belleza sea haber visto el resto del día pasar y en esa efimeridad qué es el atardecer encontramos su poesía. En busca de este momento imposible y a la vez ineludible salió el equipo que rodó este documental narrativo sobre una comunidad de gente mayor de China en una pequeña asociación en España.

Estamos ante una obra contemplativa qué trata de sumergirnos en un contexto increíblemente desconocido y, a la vez, enormemente común. Quiero decir, la comunidad china lleva asentada con fuerza en España décadas, pero realmente sabemos muy poco de ella y, de hecho, la cultura asiática en general no ha sido hasta hace unos años que ha empezado a ganar popularidad. Por otro lado, la vejez, los recuerdos tormentosos (pero también felices), el mundo en constante cambio y la gente que se resiste a quedar abandonada en un rincón oscuro y sucio a dejarse morir, son cosas con las que podemos tener mucho más contacto como algo propiamente humano. A través de planos largos y bellos de una fotografía muy cuidada y con un sonido pulido hasta la enfermedad, acompañaremos a estos ancianos alrededor de una festividad que preparan mientras nos hundimos en su China natal y tratamos de conocer la raíz de esta cultura. Hay personajes (o en este caso debería decir, más bien, personas; recuerdo que se trata de un documental) con mucha fuerza y a veces con una añoranza preciosas.
No os voy a engañar, el documental no es perfecto. Requiere de vosotros una atención bastante grande y una adoración por este tipo de cultura (tan grande como la de su creadora). A pesar de la escasa hora y diez que dura, se trata de un metraje enormemente pausado que, aunque trata de mantener activo al espectador con diversos trucos (y cierta narrativa más ficcional de la que os hablo luego) no puede evitar hacerse un viaje lento al que puede resultar un poco difícil rendirse, a pesar de que los recursos técnicos estén tan pulidos.

Todo el documental tiene un aura espectral, casi de película de terror, destrozando a veces el sonido diegético para que todo sea devorado por una música tensa que parece que va a explotar. Desde fantasmas bromistas que actúan como narradores, humor tétrico y momentos directamente sacados de Al final de la escalera, el documental juega con la muerte como parte de la cultura china en su vertiente más mitológica y espiritual, pero también con algo de carga política y de representar ese último escalón de la vida y su relación extremadamente familiar con la muerte. No hay un interés de crear una experiencia escalofriante, sino más bien de representar la realidad tal cual es, aunque eso sea a través de elementos mucho menos ortodoxos para lo qué es un documental.

Hay muchísimo amor en esta producción, hay un interés verdadero en mostrar las cosas tal cual son y, aún así, jugar con las barreras del género, mezclando ficción y no-ficción en un batido delicioso para aquellos que estén preparados a un sabor fuerte. No es el mejor documental que he visto, y ya os digo que puede hacerse verdaderamente lento, pero juega mucho con sus recursos y es una prueba perfecta de que pueden hacerse documentales diferentes a lo típico, sin entrevista alguna, y que aún así logre un momentos que nos hagan reír, llorar o, simplemente, sobrecogernos el corazón de pura belleza.
Como un buen atardecer, más o menos.


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