RESEÑA: LOST IN LA MANCHA

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Año: 2002

Duración: 89 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Keith Fulton, Louis Pepe

Guion: Keith Fulton, Louis Pepe

Música: Miriam Cutler

Reparto: Documental. Intervenciones principales de Terry Gilliam, Jean Rochefort, Johnny Depp, Vanessa Paradis

Sinopsis: En el año 2000 Terry Gilliam intentó llevar el Quijote a la gran pantalla en un proyecto llamado «El Hombre que Mató a Don Quijote». Sin embargo, una serie de desgracias para la historia del cine hace que nos tengamos que conformar con el documental «Lost in la Mancha» de Keith Fulton y Louis Pepe sobre el rodaje de éste magnífico sueño de Gilliam en España. En él veremos como los técnicos se desesperarán por el modo de trabajar de Gilliam, una mente caótica y genial donde hierve una imaginación desbordante. Además, el equipo de rodaje se enfrentará a una serie de desgracias inverosímiles; tendrá que luchar contra estruendosos F16 del ejercito español, tormentas apocalípticas en las Bárdenas y el actor principal, Jean Rochefort, se retorcerá con una doble hernia discal cabalgando a Rocinante hasta su retirada a Francia para recuperarse. Un proyecto con financiación Europea, ya que la extravagancia y genialidad que hace grande a Terry Gilliam también le cierra puertas en Hollywood.

Hacer una película es una tarea monolítica. La cantidad de gente a coordinar es abrumadora, los equipos a usar son complejos y delicados y el dinero que se gasta hasta en la producción más independiente es intimidante para cualquiera. Que salgan tantas películas al año con la cantidad de estrellas que se tiene que alinear para ello es tan solo un milagro que, a día de hoy, soy incapaz que explicar con poco más que mucha gente comprometida al máximo y unos buenos puñados de suerte. Y no me gusta desmerecer el esfuerzo de la gente, pero es que es indudable que tienes que tener un poco de suerte de tu lado. Y si no me creéis, preguntádselo a Terry Gilliam.

En este documental se nos narrará la aventura de Gilliam la segunda vez que trata de rodar su proyecto El hombre que mató a Don Quijote. Después de una desastrosa primera vez (y de un resumen de porque adaptar El Quijote se considera uno de los proyectos malditos del cine) acompañaremos por toda la preproducción y la producción al bueno de Gilliam.

Todo el proceso de como una cinta se forja desde dentro, con un creador a la cabeza con la calidad y obsesión por los detalles de Gilliam, es apasionante. El ver como se agobia como cualquiera de nosotros y como está tentado a tirar la toalla en más de una ocasión antes siquiera empiece el rodaje es algo que motiva en cierto modo, pues si un titan así duda, ¿quién no lo hace? También es divertido como te dicen dese el principio que están tratando de hacer una película con un tercio del presupuesto que necesitarían, cosa que también te pone en contexto de ciertas prácticas típicas de la industria. Quiero decir, si esto se lo hacen a uno de los Monty Python, al resto ni os imagináis. El carácter buenrollero y un tanto maniático que Gilliam muestra es ya de por sí la guía de un buen director. Y es que un buen director de cine no solo lo es por un buen conocimiento técnico, sino por saber guiar a su equipo con buena mano (¡Aprende, Kubrick!).

No obstante, la mandanga de verdad no empieza hasta el rodaje. Este documental es especialmente interesante porque te enseña la cantidad de cosas que pueden salir mal en un rodaje. Normalmente, durante la producción, surgen algunos imprevistos que te obligan a improvisar un poco. A veces significa gastar más dinero, otras complicarte la vida. Sin embargo, ya os digo que hay pocos rodajes con peor suerte que este. Desde perder al actor principal, uno al que se llevaron buscando años, por una repentina enfermedad o que caiga una lluvia torrencial en el desierto son algunas de las lindezas que suceden en este rodaje maldito. La cantidad de cosas que aplastan esta producción hasta su inevitable final llegan parecer una broma de mal gusto.

Verlo a día de hoy te deja un sabor agridulce en la boca porque ves como todo ese esfuerzo, esa artesanía en los efectos especiales y amor por lo que se hace, se va a la mierda. Gilliam pierde el dinero y pierde su idea y, aunque el documental termina con la nota de esperanza de que está reuniendo dinero para comprar su guion de nuevo, la cosa acaba bastante mal.

Nosotros, por suerte, sabemos que a la tercera fue la vencida y Gilliam logró sacar adelante su proyecto maldito, pero aporta una perspectiva de renuncia a tantísimos proyectos de tantísimos cineastas que no tuvieron la misma suerte. A mí, este documental me inspira el cambiante humor de los dioses el cine, el como un proyecto puede acabar aberrantemente mal aun haciéndolo todo bien. Es una carta de amor al cine, pero también una advertencia.

Es una sinfonía del caos y pasión por un medio que no os podéis perder.


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