RESEÑA: KRAMPUS, MALDITA NAVIDAD

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Año: 2015

Duración: 98 min.

País: Estados Unidos

Dirección: Michael Dougherty

Guion: Todd Casey, Michael Dougherty, Zach Shields

Música: Douglas Pipes

Fotografía: Jules O’Loughlin

Reparto: Allison Tolman, Emjay Anthony, Adam Scott, David Koechner, Toni Collette, Conchata Ferrell, Stefania Owen, Gareth Ruck, Leith Towers, Krista Stadler, Mark Atkin, Maverick Flack, Sophie Gannon, Queenie Samuel, Lolo Owen.

Sinopsis: El espíritu de la Navidad simboliza la unión familiar y en la generosidad, pero cuando Max ve que su familia se resquebraja pierde la fe en estos valores. Esto despertará la ira del Krampus, un ser mitológico que acecha al niño y a sus parientes para atormentarles las fiestas y hacerles vivir un infierno. Para enfrentarse al Krampus y salvar la vida, Max y los suyos tendrán que dejar a un lado sus diferencias y unir sus fuerzas contra el monstruo.

Ya he lloriqueado por aquí por este mismo asunto: añoro las películas de navidad que no tenían miedo a ser un poco macarras, pendencieras y, por qué no, sangrientas. Es más, yo voto por este tipo de contenido en cintas para niños. Joder, los críos son críos, pero no imbéciles. Normalmente, la gente se escandaliza cuando digo esto (a menos de que hayan tenido unos padres como los míos donde los filtros estaban un poco a tomar por culo), así que yo suelo defender esta posición desde el maravilloso bastión que es Gremlins. Representa muy bien lo que quiero decir: una trama divertida y macarra, con más de un momento horripilante (aún tengo grabado a fuego la imagen de Spike derritiéndose ante la luz del sol en aquella fuente toda llena de gelatina verduzca que antes era carne de gremlin).

¿Sabéis cuál es el problema con este ejemplo? Que Gremlins ya tiene una edad. Se me queda vieja, como si fuera cosa de otros tiempos. Por suerte, Krampus vino al rescate.

Esta cinta tiene todo lo que hace grande a este tipo de películas: es golfa como ella sola, es sanguinolenta, monstruosa y sabe reírse de sí misma. Es consciente de que no es muy lista (que sí que lo es, pero se hace la tonta con maestría), así que apuesta todo a un humor canalla y a unos deliciosísimos monstruos animatrónicos que han surgido de las pesadillas más psicodélicas de alguna demente escapista con tendencias homicidas encerrado en una bola de navidad. Solo que, en vez de nieve, tiene cocaína.

Espero que estéis pillando el concepto.

Es una película de supervivencia, de gente atrapada en una casa, una película de monstruos, una sátira y una ridiculez tan grande que se da la vuelta y se vuelve verdaderamente escalofriante. De verdad que conseguir que te rías por la obvia extravagancia de todo lo que sucede y a la vez logre que te preguntes de que infierno han surgido esas putas aberraciones pesadillescas es toda una hazaña. Y ya no solo es eso. La banda sonora esta muy bien conseguida, es cañera y ambienta bien. La fotografía es verdaderamente buena y sabe crear planos para encuadrar en la pared de tu casa sin pecar de un estilismo artificial en el que caen ciertas cintas.

Ni reinventa la rueda ni lo pretende. De hecho, supongo que podríamos criticar ciertas partes del guion, cierta inconsistencia, un tono un poco extraño a caballo entre la comedia y el terror que a veces vira con mucha brusquedad. Los actores tampoco son ninguna maravilla, la mayoría son secundarios de otras series y películas y, aunque se defienden con sorprendente soltura, no llegan dar ninguna actuación memorable. Todos esos pequeños fallos, no obstante, quedan enterrados. No llegan a crear una diferencia porque esta es una de esas veces que la suma de las partes vale más que cada una de ellas por separado. Se siente como algo viejo, de plenos 80, y a la vez como un soplo de aire fresco a un género ya muy trasnochado. Y eso es todo un logro.

En general, no me seáis unos cobardicas y venid a disfrutar de este demencial festival navideño, una de las películas de terror más divertidas y desacomplejadas de los últimos años.

Y sed malos, a ver si le pedís a Krampus un autógrafo de mi parte.


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