Relato: Escaparate

En este momento estás viendo Relato: Escaparate

ESCAPARATE

Por Sandra Gómez Moreno

Mi nombre es Cloe y soy dueña de una tienda de antigüedades. Bueno, era. He tenido que cerrarla porque a este paso hubiera acabado en un psiquiátrico, además de poner mi vida en riesgo.

Creedme cuando os digo que tomar esa decisión ha sido muy difícil, porque la tienda era herencia de mi padre, Antonio.

Se le ocurrió la idea de abrir una tienda de estas características por los años 80 porque mi abuelo Daniel acumulaba tal cantidad de objetos antiguos que no sabía muy bien qué hacer con ellos. Tenía un afán coleccionista bastante particular y llegó un momento en el que había que tomar cartas en el asunto.

Papá, en homenaje a Daniel, abrió este establecimiento a sabiendas de que podría fracasar en cualquier momento. Pero por suerte, no fue así. Tenía muchos objetos curiosos y bastante útiles así que fue dándoles salida.

Además, ahí se dio cuenta de que a numerosos clientes les gustaba el coleccionismo.

Tanto, que continué con el negocio.

Cada trimestre realizo un inventario de los objetos presentes en la tienda y en el almacén.

En los últimos años es bastante raro que lleguen antigüedades. Alguna lo hace pero cada vez es más extraño.

Haciendo balance me di cuenta de que cuatro objetos de este comercio no se habían tocado en ningún momento: un carrito de una muñeca, su muñeca y dos muñecos ventrílocuos que la acompañaban.

Me llamó bastante la atención y quise investigar su origen.

Su procedencia me resultó curiosa. El carro y la muñeca procedían de una familia bastante adinerada de Guadalajara. Por motivos que no se especifican en la ficha, la hija de los señores Cortés falleció en extrañas circunstancias y los padres, que al parecer eran vecinos de mi abuelo, dieron los dos objetos para que se deshiciera de ellos. Conociendo a mi abuelo se quedaría con los dos juguetes por si alguien de la familia quisiera jugar con ellos. Lástima que tuviera 5 varones y ninguna niña.

Yo soy la excepción que confirma la regla, en forma de nieta, y supongo que a papá jamás se le hubiera ocurrido presentarse con semejante cosa por casa. Básicamente porque mamá lo hubiera rechazado de inmediato. Me imagino que por ese motivo estará en la tienda.

A ver. Quiero aclarar una cosa. La muñeca no es fea. Tiene un vestido azul precioso cuyos volantes finalizan con unos pespuntes de color blanco que con el tiempo se han quedado amarillentos.

Tiene dos coletitas a los laterales que necesitan un pequeño arreglo y su cara es bastante singular. Tiene sus ojos azules en perfecto estado y sus mejillitas son sonrosadas… Ahora que me fijo bien, no entiendo porqué no se ha vendido.

En fin. Voy a sacarle un poco de partido al juguete y al carrito que lo acompaña.

Por otro lado están los muñecos ventrílocuos… A ver qué puedo hacer con ellos. Pertenecieron a un matrimonio de feriantes que tuvo que dejar el circo porque la mujer se lesionó la rodilla. Están en perfecto estado.

Se me está ocurriendo que si pongo en un lado del escaparate la muñeca sujetando el carro y al otro los muñecos, seguramente llame la atención de algún niño o alguna niña. Puede que dé un aire más infantil a la cristalera. Probaré suerte.

Recuerdo que esa mañana, cuando abrí la tienda y coloqué los muñecos en sus correspondientes lugares, sentí que alguien me miraba la espalda de manera inquisitiva.

De inmediato me di la vuelta, creyendo que podía ser alguien que estuviera mirando el escaparate, pero por mucha zona de Bilbao que fuera, no dejaban de ser las 10 de la mañana de un sábado.

No había un alma por las calles.

La mañana marchaba bien. Había recibido varias llamadas de algunos particulares interesándose por dos relojes y una caja de música a los que deseaba darle salida.

Al poco tiempo, algo me llamó la atención: una niña lloraba desconsolada ante la muñeca.

La señalaba con intensidad y su llanto no hacía más que aumentar.

No entendía nada.

Salí a la calle preocupada por el inquietante llanto de la menor.

Miré a la madre. Ella, como yo, no entendía nada.

—¿Por qué lloras, bonita?

La niña de ojos azules se agarraba al brazo de su madre como si no hubiera un mañana.

—A ver, Candela —decía la mamá asustada. —¿Por qué lloras, cariño? Si es solo una preciosa muñeca.

—¡NOOO! —bramó la pequeña.

De repente, zafándose de las manos de la mamá, sacando una fuerza impropia de una niña de su edad, se apoyó en la parte del escaparate donde se encontraba la muñeca. Con los ojos llenos de rabia hizo un gesto que nos heló la sangre: se llevó la manita al cuello, como dando a entender que ella cortaría el cogote de la muñeca.

—¡Candela! ¡Eso no se hace! ¡Vámonos de aquí! ¡Esta niña!—dijo cogiendo a la niña de la mano.

—Lo siento… — no sabía qué decir.

—Faltaría más… Lleva una temporada muy tonta diciendo que tiene amigos invisibles, que ve al monstruo del armario y por lo visto una muñeca antigua le amenaza queriendo cortarle el cuello ¡Esto es el colmo!

Enmudecí.

Igual Candela estaba en esa edad propia de los niños en que ven cosas que nadie más puede ver.

No habría que darle más importancia…

Hasta que empezaron a suceder cosas que se me escapaban de las manos.

Esa misma mañana varias niñas se pusieron a llorar ante la presencia de la muñeca.

No sabía qué hacer para consolar el terror que veía en sus miradas inocentes y asustadas. Pero creyendo que solo las niñas iban a pasarlo mal, un niño comenzó a discutir con los muñecos ventrílocuos ¿Motivo? Por lo que él decía le habían amenazado con comérselo para, con su voz, seguir participando en un circo.

Antes de que fueran las 14:00 horas, bajé las persianas de la tienda y coloqué un cartel que indicaba que ésta había cerrado.

Lo que iba a ser un sábado normal estaba siendo espeluznante.

A mí, que no creía en tonterías de muñecas, ni cosas de estas, me estaban sucediendo fenómenos extraños.

Suspiré. Cerré los ojos y me tranquilicé.

Me dije en voz alta: «Cloe. Las cosas de niños, de niños son. Eres una mujer adulta y no tienes nada que temer. Tu padre ha estado en el negocio más de 35 años, ¿Vas a creer ahora en historias para no dormir?».

Recogí tranquilamente lo que me faltaba y cerré la tienda hasta el lunes.

Antes de salir por la tienda, eché un vistazo a los cuatro objetos protagonistas del día. Todo estaba en orden… Aunque a decir verdad, todo no. Vi como la muñeca giró su inanimado rostro hacia el mío, solo que intentaba mantener mi cordura a ralla. No quise saber nada más.

El lunes fui un poco antes ya que como el sábado no había cuadrado la caja, lo quise hacer con tiempo y mucha más calma.

Cuál fue mi sorpresa que una vez que introduje la llave por la cerradura y abrí la tienda ni los muñecos, ni el carro con la muñeca se encontraban donde los dejé el sábado.

El corazón se me encogió del susto.

«Han entrado unos ladrones… Han entrado unos ladrones» — me dije para convencerme.

El corazón se me iba a salir de la boca.

Todo estaba en perfecto estado: la tienda, la cerradura no estaba forzada, la alarma no había saltado.. Pero, ¿dónde demonios estaban los puñeteros muñecos?

Y del silencio unos gritos taladraron mi cerebro haciendo que estuviese a punto de perder la cordura.

Los muñecos ventrílocuos corrían por la tienda empujando el carro de la muñeca con esta dentro repitiendo como si de un mantra satánico se tratara: “vamos a matar niños para así volver a la vida y jugar a la muerte con ellos”.

Estupefacta y horrorizada me escondí en el único lugar donde inicialmente esos seres del averno no podrían encontrarme: el mostrador.

Los muñecos corrían por la tienda a su antojo como si se trata de niños vivos repitiendo frases sádicas que no me atrevo a relatar. Y la muñeca, Sarah, que así decía llamarse, tampoco se quedaba atrás.

Llamé a mi marido, pero no me cogía el teléfono. Los astros se habían alineado para que mis días acabasen en el negocio donde papá y yo fuimos felices.

Se me escapó un sollozo y Sarah lo escuchó.

Con una voz reseca y quebrada habló:

—No queremos hacerte nada, querida Cloe. Eres nuestra amiga. Por fin nos has dado el lugar que nos merecíamos en esta aburrida tienda. Aunque queremos una cosa tuya…

«¿Mía?» —me pregunté.

—No te hagas la loca, dependientucha. No te queremos a ti, queremos lo que traes en tu interior. La niña que nos dará la vida y nos traerá a este mundo como los niños que somos.

Grité ¿Cómo saben estos…? Ahí caí en la cuenta ¿Cómo no van a saberlo si llevan desde el principio en este lugar? Son muñecos que han esperado el momento oportuno para actuar. Y justo, ahora que estoy embarazada de mi pequeña, creen que se van a hacer con ella para sus planes macabros.

Me levanté con cuidado para que no escucharan mis pasos.

Viendo que la entrada principal estaba libre, salí a toda prisa, pero los muñecos lanzaron el carro con la muñeca dentro y me dio en el costado derecho haciendo que perdiera el equilibrio.

Me caí.

Y perdí a la niña que tanto deseaba.

No se la quedaron ellos. Pero rompieron mi alma en mil pedazos.

Ahí supe que tenía que cerrar la tienda.

A pesar del dolor y la injusticia que suponía.

Me he atrevido a contaros esta historia después de mucho tiempo. A mí aún me duele. Y me aterra a partes iguales. Me he mudado de barrio para tener precauciones. Estoy de nuevo embarazada y se trata de dos mellizas. Pero no me siento tranquila. El otro día paseando con mi marido me pareció ver un carrito muy semejante al de Sarah, colocado en una extraña posición. No le he querido decir nada para no preocuparle. Bastante mal lo ha pasado. Pero algo por dentro me dice que la historia aún no ha terminado.


¿Te ha gustado esta entrada? Déjanos tu valoración y tu comentario.

Queremos ofrecerte el mejor contenido. Ayúdanos a seguir creando y a mejorar colaborando con nosotros en Ko-fi y obtén recompensas muy especiales.

Síguenos en redes sociales a través de Twitter e Instagram.

Sandra Gómez Moreno
REDACTORA | + posts

Esta entrada tiene 10 comentarios

  1. Anónimo

    Cuando se tiene a la mejor, pasa estas cosas.
    Maravilloso

    (5/5)
    1. Sandra Gómez Moreno

      Muchas gracias ☺️

  2. Alberto de Prado

    ¡Sin duda!

    1. Sandra Gómez Moreno

      ☺️☺️

  3. Magali R. Mátar

    BRUTAL.
    Odio los muñecos, los odio con toda mi alma pero la historia es espectacular. Me encantaría leer más.

    (5/5)
    1. Sandra Gómez Moreno

      Muchas gracias, Magali 😘

  4. Anónimo

    Genial!!! Estoy deseando leer tu siguiente cuento de terror!!

    (4/5)
    1. Sandra Gómez Moreno

      Muchísimas gracias por tu comentario 🥰

  5. Maribel

    Espeluznante y genial.estoy deseando que publiques otra, tienes un gran potencial.😘

    (5/5)
    1. Sandra Gómez Moreno

      Gracias por tu apoyo, Maribel 🖤

Deja una respuesta

Vota