QUIROGA Y EL MONSTRUO

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En 1937 Horacio Quiroga viajó a Buenos Aires para que le trataran de “una enfermedad de próstata” (aunque algunos documentos refieren que era “gástrica”, poco importa). Allí, en el hospital de Clínicas, un sitio de prestigio, imagino que en medio de un ambiente frío y desconsolador, se le sometió a una cirugía exploratoria y se vio que lo que tenía era fatal, un cáncer intratable, una sentencia de muerte. Se quedó ingresado y se dedicó, supongo, a penar y a escuchar sandeces de los médicos, que le explicaron que no había cura, que ya era un cadáver, que estaba firmada su sentencia, que se convertía en uno de sus personajes, en fin.

Salió del hospital para “dar un paseo por la ciudad”, y supongo que eso es precisamente lo que hizo, dar un paseo por esa gran ciudad, fundirse con ella como el fantasma que ya casi era, con sus silencios y sus ruidos. Si no encontrar algo de paz, al menos sosegarse.

A eso de la media noche volvió al hospital, imagino que ya más sereno, ya más Quiroga y menos miserable… En fin, supongo que hablando con algún celador, se enteró de que en las plantas inferiores del edificio ¡tenían encerrado a un monstruo! Una especie de Joseph Merrick argentino: Vicente Batistessa.

Quiroga exigió (no era ningún mindundi y podía hacer tales cosas como “exigir”, recordemos que era un escritor muy famoso entonces, y que en aquella época los escritores eran algo, no había fantoches de la tele ni de redes sociales para ser admirados –bueno, algún protopánfilo mediocre de estos habría, pero es otro tema); exigió, decía, que fuese liberado el monstruo y que lo llevaran a su propia habitación. Cosa que se hizo, por supuesto.

En su habitación Quiroga le pidió a su nuevo amigo, el monstruo, que le asistiera en sus últimos momentos, había decidido suicidarse. En fin: bebió cianuro, sufrió unos dolores terribles durante unos interminables minutos y murió, allí, con el triste monstruo, imagino, al lado.

Hasta aquí nada nuevo, estos datos están al alcance de cualquiera, lo he comprobado, y con ligeras variaciones la red da noticia de todo ello. Pero ¿acaso son poca cosa? Igual que pasa con los últimos momentos en la vida de Poe (o Mr. Peacok, como hay que tratarlo cuando se habla de su final), Quiroga parece reconfigurar la realidad a su alrededor para que su habitual tono vil, aburrido, real (valga la redundancia), cambie y se transforme en pura literatura: ¡un monstruo en los sótanos del hospital!

La conversación entre los dos hombres no pudo tratar de otra cosa que de muerte; y de vida, por supuesto, que va unida, cara y cruz, a ella. De la monstruosidad hablaron también, de la otredad, que Quiroga había ya tratado en su literatura. Hay habladurías, datos que se mezclan, rumores… se dice, por ejemplo, que sí que hubiese podido ser operado el escritor, pero que por esto o por aquello (el miedo de un médico a cagarla con un personaje de fama, por ejemplo) le dijeron que era imposible. Pero esto era necesario, la fantasía siempre se dispara, y se trataba de un final literario, como ya he dicho, la magia estaba en ello: Horacio Quiroga se convertía en personaje, abandonando el triste papel de persona.

Cuando la muerte ronda la realidad entera cambia, o acaso sea que le prestamos una atención desusada hasta ese momento, quién sabe. La cosa es que es innegable que al acabar una biografía de Quiroga debemos dar vuelta al libro y comprobar que no se trata de una novela. Y aún así se quedará la muerte de Quiroga, como la de Poe (ya para otro ratillo hablamos de esta), en mi recuerdo como una obra literaria, ajena a la triste realidad, aunque triste también, no importa, su cualidad fundamental es esta: es fantástica.

En fin, solo me había acordado de Quiroga porque ando escribiendo sobre un tipo con cáncer que sale a pasear por la ciudad, y después de releer el texto me dije: ¡oye, has copiado la vida de Horacio Quiroga!

¡Salve, Horacio!


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Francisco Santos Muñoz Rico
REDACTOR | Website | + posts

Esta entrada tiene 4 comentarios

    1. FRANKY

      Y todavía menos conocido de lo que debiera, solo por el idioma en que escribió...

  1. José Luis

    No conocía el desenlace de la vida de este hombre, me ha parecido, como bien dices, totalmente literario. Articulazo, para variar.

    1. FRANKY

      Gracias, amigo!

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