No profanar el sueño de los muertos

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Reseñado por Josep Bel

Título original: The Living Dead at Manchester Morgue
Título en España: No profanar el sueño de los muertos
Título en Italia: Non si deve profanare il sonno dei morti 
Año: 1974
Duración: 93 min.
País: Italia
Dirección: Jorge Grau
Producción: Coproducción Italia-España;  Flaminia Produzioni Cinematografiche, Star Films S.A
Guion:  Juan Cobos, Sandro Continenza, Marcello Coscia
Música: Giuliano Sorgini
Fotografía: Francisco Sempere
Efectos especiales: Giannetto de Rossi
Reparto:  Raymond Lovelock (George Meaning), Cristina Galbó (Edna Simmonds), Arthur Kennedy (Sgto. McCormick),  Jeannine Mestre (Katie West), Aldo Massasso (Kinsey),  Giorgio Trestini (Craig), Roberto Posse (Benson), Jose Lifante (Martin West), Gengher Gatti, Fernando Hilbeck (Guthrie), Joaquin Hinojosa (Zombi Hospital), … 
Género: terror /zombis/Policíaco/Película de culto.

Sinopsis: Algo extraño pasa en las afueras de Mánchester. Al verse implicados en un accidente de moto, Edna (Cristina Galbó) y George (Ray Lovelock) se ven envueltos en una sórdida pesadilla al descubrir que los muertos comienzan a despertar a causa de las radiaciones de una máquina de ultrasonidos que el gobierno acaba de autorizar para eliminar insectos y bichos de los campos de cosecha.

¿Qué os parece si afirmo que No profanar el sueño de los muertos (1974) de Jorge Grau es el mejor film de zombis de la historia del cine de terror?

Contexto histórico.
Vayamos por partes. Antes de entrar en la película se hace necesario explicar el contexto en el que se fraguó esta magnífica obra del cine de terror. Junto a Jorge Grau, una serie de directores españoles consiguieron revitalizar el cine fantástico y de terror en España, el posteriormente conocido como “Fantaterror”. Narciso Ibáñez Serrador, Juan Piquer Simón, Amando de Ossorio, Eugenio Martín, Carlos Aured, Jacinto Molina, León Klimovsky y Jesús Franco, todos ellos, en diferentes grados y niveles de calidad, aportaron su granito de arena y fueron responsables del éxito de esta gran etapa del cine español, ninguneada en su momento por la crítica y también por los espectadores y finalmente reconocida por todos.

En España empezó a emerger en la década de los sesenta el género fantástico y de terror, que ofrecía una rentabilidad inmediata a bajo coste y con una facilidad de exportación a través de la fórmula de las coproducciones que permitían no sólo repartir gastos de producción, sino también de asegurarse una comercialización en varios países. Dicha década prodigiosa coincidió con el período comprendido entre el 1965 y 1975, si bien su período de máxima productividad fue entre 1969 a 1973 cuando se rodaron más de 100 películas en poco más de tres años, lo que demuestra la importancia y alcance del cine de terror por esas fechas.

La tetralogía de los Zombis Templarios de Amando de Ossorio: ‘La noche del terror ciego’, ‘El ataque de los muertos sin ojos’, ‘El buque maldito’, y ‘La noche de las gaviotas”.

Dentro del género de terror, el subgénero de zombis en España vio nacer a dos de sus figuras capitales, que se ganaron a pulso su reputación como autores de culto, a pesar de que a menudo han sido olvidados por la crítica o condenados a vivir a la sombra de otros directores ampliamente conocidos por el gran público. Estos son por un lado el director coruñés Amando de Ossorio con su tetralogía de los caballeros templarios iniciada en 1971 con La noche del terror ciego, y por otro, el gran director barcelonés Jorge Grau que se encargó de filmar la película de la que vamos a hablar en la presente reseña, No profanar el sueño de los muertos (1974) y que es considerada por la crítica la mejor secuela de su antecesora La noche de los muertos vivientes (1968) del gran director norteamericano George A. Romero, y considerada por el que suscribe, no solo como uno de los títulos más injustamente olvidados de la historia del terror, sino como la mejor película de zombis de la historia del cine de terror.

Jordi Grau, director imprescindible del terror español

La película. Los orígenes.
El productor de cine italiano Edmondo Amati, que había obtenido pingües beneficios con la distribución de La noche de los muertos vivientes de George A. Romero en Italia, y que también había sido coproductor en Ceremonia Sangrienta (1973), el otro acercamiento al terror de Jorge Grau, fue quien le encargó a éste un film que se aproximara a la película de Romero, pero en color. Meses más tarde, el propio Amati le entregó al director el guion de Sandro Continenza, con una temática zombi y claramente inspirado en La noche de los muertos vivientes, que gustó al director español. Aceptó rodarla y se puso en marcha una coproducción entre Inglaterra, España e Italia, con el presupuesto más holgado con el que Grau había contado hasta ese momento.
La película tuvo un extenso catálogo de títulos tan variopintos como Don’t open the window, Fin de semana para los muertos, Let the sleeping corpses lie, The living at Manchester Morgue, Non si debe profanar il sonno dil morti y la más conocida en España No profanar el sueño de los muertos y se rodó en Cinecittá en su gran mayoría, pero además se rodaron los exteriores en Manchester y los interiores del hospital en los estudios Cinearte de Madrid.

Como curiosidad, en Estados Unidos, se estrenó en 1975 con el título Don’t Open the Window y se combinó con The Last House on the Left de Wes Craven como doble función de autocine. Una mezcla realmente explosiva y no apta para todos los públicos.

George (Ray Lovelock) y Edna (Cristina Galbó) la pareja protagonista y primeros testigos del renacer de los muertos

La película. Análisis.
La película tiene un claro valor histórico al ser contemplada como una pionera, ya que se trata de un film anterior al boom de las películas euro-zombie que asfixiaron al cine de terror a finales de los 70 y los 80, y que surgieron a raíz del film de George A. Romero Dawn of the Dead de 1978.

Se trata a todas luces de una película de exploitation con vocación de asemejarse al film original de George A. Romero La noche de los muertos vivientes de 1968, llegando a afirmar el propio Jorge Grau sin ningún tipo de pudor:

“Para hacer la película estudié “La noche de los muertos vivientes” fotograma a fotograma como quien dice, para averiguar cómo estaba hecha”

Como hemos indicado, no solo tiene un claro valor histórico, y una considerable deuda hacia Romero, sino que lejos de ser una vulgar copia del original, el director logra conferirle una personalidad propia dentro del imaginario y la estética zombi que la convertirá en obra referencial para posteriores filmes y para la creación del imaginario zombi que acabará adoptándose por posteriores directores.

Es importante remarcar el punto de vista o visión ecológica de la película (la tecnología y el progreso destruyen la naturaleza y actúan en contra de la humanidad) que a su vez, será determinante y clave en el género del terror, y más concretamente en el subgénero de los desastres naturales provocados directa/indirectamente con la complicidad del ser humano que desembocan en mundos terroríficamente apocalípticos, y que veremos en películas como 28 días después (2002) de Danny Boyle, A ciegas (2008) de Fernando Meirelles, Contagio (2011) de Steven Soderbergh, El incidente (2008) de M. Night Shyamalan, Perfect Sense (2011) de David Mackenzie y muchas otras.

No es de extrañar que Grau, muy comprometido con los acontecimientos de la época (revolución estudiantil de mayo 68, movimientos contraculturales…), le imprimiese dicho subtexto ecológico a su film a modo de proclama antisistema (Los ultrasonidos producidos por una máquina agrícola enloquece a los insectos, que se exterminan devorándose entre sí, ya que les afecta a su sistema nervioso central poco desarrollado, provocando a su vez que los muertos recientes, cuyo sistema nervioso todavía se mantiene ligeramente intacto, les haga alzarse de su sueño eterno).

También se aleja del original de Romero al extender la crítica social a la relación de la autoridad respecto de la juventud del momento. George, el protagonista, es un chico con pelo largo y barba, un intelectual a todas luces pero se cruza en su camino su mayor némesis, que no son los muertos vivientes, sino un inspector de policía (Arthur Kennedy) que es un claro ejemplo de la brutalidad policial y el distanciamiento e incomprensión de la forma de pensar/ser de los jóvenes. Si Romero en La noche de los muertos vivientes dijo en repetidas ocasiones que no se convirtió en una cuestión de raza el casting de Duane Jones como protagonista negro, sino que Jones era el mejor actor que podía pagar, sí que existe en No profanar el sueño de los muertos, una clara alegoría de la lucha de la juventud contra el “stablisment” y de la rebelión social contra las élites militares y burocráticas.

Otro elemento de importancia capital en el film, fue el uso del color, que junto con el magnífico trabajo con los efectos de maquillaje de Giannetto de Rossi, el cual posteriormente trabajaría con Lucio Fulci creando el maquillaje para Zombie 2 (1979), suponen una novedad respecto al económico film de Romero, y al mismo tiempo, se anticipa (e inspira) el tono abiertamente gráfico y sangriento que adoptarán las películas sobre muertos vivientes a partir de Zombi (Dawn of the Dead) (1978), la secuela de La noche de los muertos vivientes (1968) y segunda incursión de Romero en este subgénero, de enorme popularidad en Europa gracias al rápido estreno de la (falsa secuela) continuación del film, Nueva York bajo el terror de los zombis o Zombi 2 (1979), de Lucio Fulci. Es por ello que sumado a todo lo anterior, el film de Grau se adelanta con su estética propia, al efecto gore que a partir de la segunda entrega de la saga de Romero se convertirá en elemento indispensable de cualquier cinta de zombis que se precie, especialmente de la filmografía italiana. La apariencia física de los muertos vivientes en la película, su deambular sonámbulo pero imparable, su rostro mustio y demacrado y sus ojos inyectados en sangre, dotan a la cinta de un nivel de realismo nunca antes visto en ninguna película de temática similar lo que se acaba traduciendo en la consecución de una atmósfera terrorífica, e inquietante con un innegable poder de suspensión de la incredulidad (suspensión of desbelief), realzada en todo momento por la excelente trabajo en la dirección de fotografía de Francisco Sempere, con uso de tonos apagados y luz fantasmagórica. Grau habla del tratamiento del color en su film, y del estudio que llevó a cabo a la hora de plasmar a los zombis en su película:

“Otra de las cosas que inventamos es que los muertos tuvieran las características del momento en que habían muerto. Y esto también vino de un estudio que yo hice con un libro grande de fotografía forense. […] donde aparecían muertos antes de hacerles las autopsias. Muertos de accidentes trágicos, dramáticos… cosas alucinantes, y claro la característica común era que un muerto puesto para hacerle la autopsia tenía las características del momento en que se había muerto, uno que se había ahorcado tenía el cuello en sangre viva. […]”.

Este punto fue absolutamente novedoso para el momento, siendo su película la primera en crear un imaginario del zombi moderno a todo color.

La mayor característica de estos zombis son esos ojos cristalinos e inyectados en sangre como después veremos en innumerables filmes posteriores (como p.ej. en 28 días después de Danny Boyle)

28 días después (28 Days Later) 2002 de Danny Boyle, ojos ensangrentados inspirados en el film de Jordi Grau

Finalmente, el sonido, es el último recurso expresivo a destacar del film de Grau, y tiene una importancia vital ya que también se trató de la primera película de terror en rodarse con sistema estéreo. “No hay en el film un solo ruido que sea casual” comentará el propio director. Incluso para las voces de los zombis se inspiró en la propia muerte de su padre:

“¿Cómo podría ser la voz de un muerto? Recuerdo que cuando murió mi padre, estaba tendido en la cama con dos o tres almohadones detrás que lo tenían casi sentado. Nos dimos cuenta que había dejado de respirar, y lo tendimos. En el movimiento de pasar de sentado a tendido hizo: “ahhhhhh…” y este fue el principio del sonido de los muertos en el film. Y de este sonido vino la música. […] Muchos de los efectos sonoros de la música de la película son mi propia voz soplando sobre un micrófono que desde una mesa de mezclas se iba distorsionando y dándole resonancia. Y así fuimos haciendo la música. En la música está mi voz y suena una frecuencia distorsionada muy suave que crea esta atmósfera. Recuerdo haber sentido el placer de hacer una cosa de la que te sientes satisfecho”.

Ese innovador uso de las voces de los zombis con el estertor de su padre, se aleja diametralmente del uso que hace Romero en su film que optó por sonidos guturales, gruñidos, y gritos sordos con clara referencia a los arquetipos de terror de las películas de monstruos de la Universal. Por el contrario, Grau ahonda más en el estudio fisiológico de los muertos y los síntomas de los cadáveres, haciéndolos menos histriónicos, consiguiendo un tono mucho más aterrador, expresivo y realista que su antecesor.

En conclusión, Grau creó un film que superó al original de Romero en muchos aspectos. Creando estilemas y fijando clichés que luego el subgénero adquiriría como suyos propios y que ahora son indisociables de la figura del zombi moderno, influenciando a directores como Jean Rollin con Les raisins de la mort (1978), Lucio Fulci con Zombie 2 o Nueva York bajo el terror de los zombies (1979), 28 días después de Danny Boyle (2002), y su secuela 28 semanas después de Juan Carlos Fresnadillo (2007), o incluso al mismísimo Romero con su secuela El amanecer de los muertos (1978).

No podemos acabar esta reseña, sin ocuparnos de las interpretaciones, que lejos de ser memorables, son bastante convincentes en cuanto al trio protagonista Ray Lovelock (George Meaning), Cristina Galbó (Edna Simmonds) y Arthur Kenney (The inspector), y en cuanto a los zombis son magníficamente interpretados por actores muy conocidos y que si bien no se prodigaban en el género, como Joaquín Hinojosa, José Ruiz Lifante y Fernando Hilbeck, fueron capaces de crear auténtico terror con solo mirarlos.

Como la gran mayoría de los zombis cinematográficos, son seres hambrientos de carne humana y el filme nos dejará momentos sangrientos y muy gores.

España, en los años 70 se convirtió en el máximo exponente del subgénero del cine de zombis mundial, gracias a dos directores como Amando de Ossorio y Jorge Grau, que fueron capaces de crear un corpus cinematográfico de este subgénero: por un lado generando una nueva iconografía absolutamente original, que rompió los esquemas del momento y significó una bocanada de aire fresco para la época, y por otro la continuación de la saga de Romero aportando una nueva visión que superó a la anterior. Ambos planteamientos pasándolos por su propio tamiz e influenciando a un sinfín de cintas y directores que siguiendo la estela de Amando de Ossorio y Jorge Grau se erigieron como verdaderos maestros de este subgénero. Una vez exhibida la cinta de Romero, la cinematografía inglesa se olvidó de los zombis, la italiana no los adoptó como arquetipo de terror, hasta la llegada de Lucio Fulci (a finales de los 70), y los mismos EEUU esperaron ocho años para poder ver la segunda incursión del director que renovó el subgénero con unos zombis parecidos a los de su primer film.

España, y sus directores, con más o menos competencia, fue el único país que tomó el relevo haciendo de puente estilístico y temático entre los zombis de la primera película de Romero y los zombis absolutamente sanguinolentos de Fulci, Umberto Lenzi, Marino Girolami, Andrea Bianchi o Michele Soavi que dominarían los años 80.

Este enorme film únicamente tuvo reconocimiento en el siempre visionario Festival de Sitges de 1974 donde ganó los premios a la mejor película, mejor actriz (Cristina Galbó) y mejores efectos especiales. Sin embargo después de tan merecido premio se hizo el silencio.

No profanar el sueño de los muertos es un clásico del Eurohorror, que si bien tiene defectos, estos pasan a un segundo plano ante las muchas delicias macabras y espantosamente elegantes de la película. A diferencia del horror cuasi-realista de Romero o del festival de acción, tripas, sangre y entretenimiento de Fulci, Grau construye un cuento de hadas oscuro, lírico y melancólico, una película que existe en una clase propia, y con un discurso feminista, antifascista, anticapitalista y ecologista que le otorga una sombra alargada.

Siéntense y disfruten.

Josep Bel
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Esta entrada tiene un comentario

  1. FRANKY

    Siempre ha estado entre mis favoritas, las secuencias del hospital en particular. El poli hubiese hecho buenas migas con aquel que puteaba a Rambo en Acorralado. Una de esas películas que cuando la vuelves a ver te sientes como en casa, jejeje

    (5/5)

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