La Cartera

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Relato de Skankja.

4º Puesto. I Reto de relatos cortos Libélulas Negras.

<<¿Qué hago encerrado en este piso? ¿Cuánto tiempo llevo aquí sentado en el sofá? Ni siquiera sé qué hora es. Voy a salir a la calle a estirar un poco las piernas. Me sentará bien dar un paseo y tomar un poco el aire fresco.>>

<<Por fin estoy en la calle, pero joder… ¡Qué frío hace! ¿Esto es normal? ¿Ya ha llegado el invierno? Y por la calle no se ve ni un alma, nadie con quien charlar un rato. Mejor me voy al bar y me tomo un café para entrar en calor.>>

***

Buenos días Antonio. ¿Cómo van las cosas?

<<¿Y éste quién es?>> -Buenos días, amigo. No tengo queja. Menudo frío hace ahí fuera. Anda, ponme un café bien caliente, a ver si me entona el cuerpo.>>

***

-Buenos días, Luis. ¿Ha estado mi padre por aquí esta mañana?

-Buenos días Rosa. Sí, vino hace un rato y se tomó un café…

-¿Y te lo pagó? porque se dejó la cartera en casa. Estoy buscándole para dársela.

***

Antonio, Toñín como era llamado por amigos y conocidos, caminaba con pasos lentos y vacilantes. Un glaucoma avanzado estrechaba y oscurecía su campo de visión. La sensación de irrealidad era reforzada por un molesto zumbido en los oídos que aparecía de forma intermitente.

<<¿Qué me pasa? parece como si el suelo se moviera y este maldito dolor de cabeza… cada vez es más fuerte. Mierda, no reconozco esta calle. Creo que me he perdido.>>

***

-¡Papá! Al fin te encuentro. Toma que te has dejado la cartera.
<<¿Papá?>> -¡Rosina, qué alegría! <<¡Qué mayor está! Pero ¿cómo…?>>

-¿Y cómo sales de casa sin el abrigo? Con el frío que hace vas a coger una pulmonía.

<<¿Por qué me habla así? No me gusta que me agarre del brazo. Yo sólo quería tomar un café…>>

-Papá, ¿estás bien?

-Creo… creo que me olvidé la cartera.

Por un instante, un abismo de pánico se asomó a la mirada acuosa de Toñín que a duras apenas acertó a balbucear: – ¿Has visto a mi hija Rosina?

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