Fiebre de las Montañas

Fiebre de las Montañas

Relato de Miquel Zueras.

5º puesto. I Reto de relatos cortos Libélulas Negras.

El viento aullaba y rugía. Horace tuvo que gritar para hacerse oír desde el extremo de la cabaña:

-¡Ramsey, trae un cuenco de sopa para Wallace!

Wallace hacía tres meses que había muerto. No era adecuada esa farsa. No lo era para nadie. Ramsey miró hacia los ribetes acanalados de hielo de la ventana. Millas y millas de nieve iluminada por rayos fantasmales titilando hacia el norte. Una visión aterradora.

-¡Horace!

Ramsey se sentó frente a una mesa llenando con el pulgar una pipa de brezo. Horace se acercó, era fornido, con una densa barba negra que contrastaba con sus ojos febriles. Ramsey le indicó con la mano libre que se sentara.

-Horace… no quiero que sigas con ese juego en una sala vacía.
Wallace lleva tres meses muerto. Creo que ya sé lo que te pasa, escucha…

Las vigas crujían. Una pesada y extraña ráfaga bajó por la chimenea esparciendo brasas. Fuera no se veía nada, salvo los remolinos de nieve.

-¿Recuerdas que nos habló de ello aquel trampero que pasó por aquí en verano? Lo llaman fiebre de las montañas. Les ocurre a los que viven mucho tiempo aislados. Ven cosas… cosas que no existen, como tú ahora cuando… bueno, cuando crees ver a Wallace.

Ramsey hablaba como un médico entusiasta pero incompetente. Desplegó un mapa sobre la mesa y señaló un punto con el índice.

-En cuanto la tormenta amaine nos pondremos las raquetas de nieve y bajaremos al valle para vender las pieles. Luego nos dirigiremos al sur, aquí, tengo un amigo que trabaja de capataz en el ferrocarril de las Black Hills. Me prometió un puesto de cocinero en el campamento, tú podrías ser mi ayudante.

Horace permaneció en silencio con una extraña expresión burlona.

-¿Horace?

La sala estaba a oscuras a excepción de los rojos reflejos que provenían del hogar.

-¿Horace?…

Ramsey suspiró y se puso a fumar en silencio paseando su mirada por la casa vacía.
En un profundo terraplén cercano la nieve ya había cubierto los rígidos cadáveres de Wallace y Horace.

La tierra estaba demasiado helada para cavar dos tumbas.

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