El peligro de pensarte entre líneas.

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Relato de María José Bravo Moñino

Una hoja en blanco y mil ideas en la mente. Despierto con la intención de sacar provecho a todo lo que he vivido estos días, plasmándolo en el papel que parece más grande, más vacío.
Música instrumental en mis oídos para dejarlas fluir como tinta de tatuaje sobre una blanca piel. Negro sobre blanco.

Una partitura de ideas caóticas a las que intento poner en orden cuando ellas solo quieren desbordarse y dejar de estar atadas a mi. Liberarse en un verso erótico sin límite, perdiendo la compostura en los puntos suspensivos.
Ganas, me pueden las ganas.

(Intento de texto)

Amanece radiante un cielo despejado como tus ojos… No, la referencia a los ojos no es para este texto….

(Tercer intento de texto)

La frase inicial que me servía de gancho se ha suicidado en tu boca. Allí donde tu lengua juega entre tus dientes y tú, perverso, ni siquiera eres consciente del fuego que desatas bajo la piel.
Vuelvo a tener la dichosa hoja en blanco y no logro enlazar más de un par de palabras que resulten coherentes. Las letras bailan al ritmo de un blues empapado que me llena los oídos.
Placebo.
Eres el “deseo y no debo», pero quiero y prefiero.
He tenido que cambiar el texto porque te has colado en él.
Siempre lo haces aunque apenas te lo diga. Estoy perdida si cierro los ojos.
Te veo.
Indecente. Travieso. Irresistible.
Vuelves a llevarte mi tiempo, muso descarado.
Debería hablar seriamente contigo, pero te basta una palabra para hacerme palpitar el verso y condenarme sin piedad al fuego eterno.

La hoja ya no está en blanco, pero tú sigues bajo mi piel.


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