El Fantasma de la Opera (1925)

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Director: Rupert Julian
Estudios: Universal Pictures

Sinopsis: Finales del siglo XIX en París. En los subterráneos de la Ópera Garnier vive Erik, un extraño personaje que oculta su rostro tras una máscara tras quedar malherido y desfigurado en la Revolución Francesa de 1848. Muy pocos le han visto pero todos aseguran que su fantasma merodea por el teatro. Acechando entre las paredes y las sombras, Erik sueña con el amor de la soprano Christine Daeé. Para conseguirlo tratara de impulsar su carrera hasta la cima de la fama.

Son muchas las películas de cine mudo que guardo en la memoria, pero esta ocupa para mi un puesto destacado entre las del genero de terror de todos los tiempos.

La obra es una adaptación bastante fiel de la famosa novela de Gaston Leroux. Aunque hay otra adaptación anterior de 1916, esta es la primera que se conserva de este clásico del cine de terror. Aparte de la vertiente más fantástica y terrorífica, sobresale el aspecto romántico de una historia que gira entorno al amor imposible que conduce a la locura al fantasma.

El neozelandés Rupert Julian no fue un director excesivamente brillante, pero resuelve su cometido con oficio en esta ocasión, en una película con una excelente dirección artística. La recreación de la Ópera de Paris o los decorados de las catacumbas son realmente brillantes dando una estupenda ambientación gótica a la historia. Hay un gran trabajo también de vestuario que luce especialmente en el baile de máscaras, con el fantasma vestido de la Muerte Roja en una escena grabada en Technicolor. Las interpretaciones pueden resultar hoy un tanto histriónicas, pero están influenciadas por el mejor expresionismo alemán, resultando adecuadas al tema y coherentes con los personajes.

El ritmo de la cinta es frenético con carreras por París, persecuciones por las catacumbas o la caída de una lámpara de araña. La interpretación de Lon Chaney en su papel de terrorífico fantasma es sublime. Su presencia inunda la pantalla hasta tal punto que consiguió convertir al personaje en uno de los iconos del cine de terror. Chaney se aplicaba el mismo su propio maquillaje, consiguiendo una recreación fiel de la deformación descrita en la obra de Leroux. El estudio lo mantuvo en secreto hasta el lanzamiento de la película que causo un gran impacto gracias al horror producido por el aspecto de Chaney.

La producción tuvo problemas desde el inicio con problemas de entendimiento entre Lon Chaney y el director Rupert Julian. Debido al fracaso de crítica y público durante el preestreno realizado en los Ángeles en enero de 1925, el productor Carl Laemmle asigno a Edward Sedgwick la tarea de volver a filmar y redirigir la mayor parte de la película e incluso alguna escena fue filmada por el propio Chaney. El nuevo reestreno en abril de 1925 en San Francisco tampoco logró el éxito esperado, así que se realizó una tercera y última versión, producto de Maurice Pivar y Lois Weber. Gran parte del material rodado por Sedgwick fue eliminado, excepto el final. Esta versión se estrenó el 6 de septiembre de 1925, en el Teatro Astor en Nueva York con un gran éxito, ahora sí, de taquilla.


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Esta entrada tiene un comentario

  1. María José

    Adoro esta película, aunque admito que no es la versión que suelo ver. Todo el misterio que envuelve al personaje del fantasma, la ambientación, la complicidad con Christine... ¡La veré muy pronto!

    (5/5)

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