Un diagnóstico de muerte, de Ambrose Bierce

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Un diagnóstico de muerte de Ambrose Bierce es un relato de terror y fantasmas publicado originalmente como The Diagnosis of Death en el New York Journal (8 de diciembre de 1901)

UN DIAGNÓSTICO DE MUERTE,

DE AMBROSE BIERCE

— No soy tan supersticioso como algunos de tus doctores de ciencia, como tú te complaces en decir- dijo Hawver, replicando una acusación que no había sido hecha — Algunos de ustedes, solo algunos, confieso, creen en la inmortalidad del alma, y en apariciones que tú no tienes la honestidad de llamar fantasmas. No voy decir más que tengo la convicción que los vivos algunas veces son vistos donde no están, en lugares donde han estado, donde ellos vivieron tanto tiempo, quizás tan intensamente, como para dejar sus impresiones en todo lo que los rodea. Sé, en efecto, que nuestro entorno puede ser tan afectado por nuestra personalidad como para producir, mucho después, una imagen de uno mismo en los ojos de otro. Indudablemente la personalidad impresionable tiene que ser una personalidad adecuada, así como los ojos perceptores tienen que ser el tipo justo de ojos, los míos por ejemplo.  

— Si, el tipo justo de ojos que transmiten sensaciones al tipo de cerebros inadecuados— dijo el Dr. Frayley, sonriendo.  

— Gracias; a uno le gusta tener sus expectativas gratificadas; esto es en réplica de lo que yo supongo que haría alguien civilizado. 

— Perdóname. Pero tú dices que lo sabes. Es algo fácil de decir, ¿no crees? Quizás no te importará decirme como lo supiste. 

— Tú lo llamarás una alucinación — dijo Hawver, — pero no es tal cosa — y le contó la historia. 

El último verano, como tú sabes, fui a pasar la temporada de calor a la ciudad de Meridian. Los parientes cuya casa intentaba habitar estaban enfermos, así que busqué otras habitaciones. Luego de algunas dificultades renté una de las habitaciones vacantes que había sido ocupada por un excéntrico doctor llamado Mannering, quien se había ido varios años atrás, no se sabía adonde, ni siquiera su agente. Él había construido una casa y había vivido allí durante diez años, acompañado por un viejo sirviente. Su práctica, no muy extensa, lo tuvo ocupado durante algunos años. Él también se vio abstraído de la vida social y se convirtió en un recluso. Me lo contó un doctor del pueblo, que fue la única persona que tuvo alguna relación con él, que durante su retiro, se hizo devoto de una única línea de estudio, el resultado de lo que él expuso en un libro que no fue recomendado a la aprobación de sus colegas médicos, quienes, sin embargo le consideraron no enteramente sano. No he visto el libro y no puedo recordar su título, pero me dijo que exponía una extraña teoría. Él decía que era posible que una persona de buena salud pudiera pronosticar su propia muerte con precisión, varios meses antes del evento. El límite, creo, eran dieciocho meses. Hubo cuentos locales sobre que había ejercido sus poderes de pronóstico, que quizás tú llames diagnóstico; y que las personas a las que advirtió el deceso, murieron súbitamente en el plazo fijado, sin causa conocida. Todo esto, por cierto, no tiene nada que ver con lo que te dije; pienso que puede divertir a un médico. 

La casa estaba amueblada, como cuando él había vivido ahí. Era una oscura morada para alguien que había sido un recluso más que un estudiante, y creo que me dio algo de su carácter, quizás algo del carácter de su anterior ocupante; siempre sentí una cierta melancolía que no estaba en mi disposición natural, según creo, debido a la soledad. No tenía sirvientes que durmieran en la casa, pero siempre tuve la adicción, como tú sabes, a la lectura. Cualquiera que fuera la causa, el efecto fue un rechazo y un sentido de mal inminente; esto fue especialmente en el estudio del Dr. Mannering, a pesar de que esta habitación era una de las más luminosas y aireadas de la casa. El retrato de tamaño real del doctor parecía dominarlo completamente. No había nada inusual en la foto; el hombre evidentemente lucía bien, unos cincuenta años de edad, con un cabello gris metalizado, una cara recién afeitada y unos ojos oscuros y serios. Algo en la imagen siempre acaparaba mi atención. La apariencia del hombre se convirtió en familiar para mí, hasta me ‘hechizó’. 

Una tarde estaba pasando a través de esta habitación para ir a mi dormitorio, con una lámpara (no había gas en Meridian). Me paré, como era usual, frente al retrato, que parecía a la luz de la lámpara cobrar una nueva expresión, no fácilmente descriptible, pero realmente escalofriante. Me interesé pero no me inquieté. Moví la lámpara de un lado a otro y observé los efectos de alterar el punto de iluminación. Mientras estaba tan absorto sentí un impulso de darme la vuelta. Y cuando lo hice ¡vi a un hombre que se movía a través de la habitación y se dirigía hacia donde yo estaba! Tan pronto como él se acercara a la lámpara su rostro se iluminó, y vi que era el Dr. Mannering en persona; ¡era como si el retrato estuviera caminando! 

‘Le pido disculpas’, dije, algo fríamente, ‘pero si usted llamó no lo escuché’. 

Él me pasó, a un brazo de distancia, extendió su dedo índice, como en advertencia, y sin una palabra se marchó de la habitación, a pesar de que observé su ida no más de lo que había observado su entrada.   

Por supuesto, no necesito decirte que esto puede ser lo que tu llamarías una alucinación y lo que yo llamo una aparición. Esa habitación tenía solo dos puertas, una de las cuales estaba cerrada; la otra llevaba al dormitorio, desde donde no había salida. Mi sentimiento sobre esto es que no es una parte importante del incidente.  

Indudablemente esto te parecerá un lugar común “el cuento de fantasmas” algo que uno construye sobre las líneas dejadas por los viejos maestros del arte. Si así fuera, no te lo habría contado, aún si hubiera sido verdad. Pero el hombre no está muerto; lo conocí hoy mismo en la Calle Unión. Me adelantó en la multitud. 

Hawver finalizó su historia y ambos hombres se quedaron callados. El Dr. Frayley distraídamente golpeó la mesa con sus dedos. 

— ¿Te dijo algo hoy, — preguntó — alguna cosa que te haya hecho inferir que no estaba muerto? 

Hawver lo miró fijamente y no replicó. 

— Quizás — continuó Frayley — él hizo alguna señal, un gesto, alzó un dedo. Es un truco que él tenía, un hábito cuando decía algo serio, anunciando el resultado de un diagnóstico, por ejemplo.   

— Sí, lo hizo, justo cuando hizo su aparición. Pero, ¡por Dios! ¿Lo conocías?   

Hawver estaba poniéndose aparentemente nervioso. 

— Lo conocí. He leído su libro, como todo médico lo hará algún día. Es una de las más importantes contribuciones del siglo a la ciencia de la Medicina. Sí, lo conocí; lo traté en su enfermedad durante los últimos tres años. Él murió.   

Hawver buscó una silla, visiblemente incómodo. Dio unas zancadas a un lado y otro de la habitación; se aproximó entonces a su amigo, y en una voz no muy clara, dijo: — Doctor, ¿tiene usted algo que decirme como médico?  

— No, Hawver; eres el hombre más saludable que jamás haya conocido. Como amigo te recomiendo que vayas a tu habitación. Tocas el violín como un ángel. Tócalo, toca algo alegre y jovial. Ten este maldito asunto fuera de tu mente.   

Al siguiente día Hawver fue hallado muerto en su habitación, el violín en su cuello, el arco sobre las cuerdas, su música abierta delante de él en la Marcha Fúnebre de Chopin. 

FIN


Biografía de Ambrose Bierce

Ambrose Bierce

Ambrose Gwynett Bierce  (Meigs County, Ohio, Estados Unidos, 1842 – Chihuahua, México, 1914) fue un periodista y escritor estadounidense.

Fue el decimo hijo de doce hermanos en una familia de granjeros de fe calvinista. El represivo ambiente puritanista en el que creció le llevo a odiar de forma visceral su propia familia,  conformando en él una personalidad difícil. Su paso por la vida militar y las experiencias acumuladas durante la Guerra de Secesión, en la que llegó a obtener varias distinciones, le agrió aún más su áspero carácter dándole una visión pesimista del ser humano.

Acabada la guerra, en 1866 se establece en San Francisco donde trabajó en varios periódicos locales llegando a ser nombrado director del New Letters en 1968. Durante esta época conoce a Mark Twain con quien mantendría una buena amistad. De 1872 a 1876 se traslada a Londres con su mujer Mary Ellen (Molly) Day. En Europa comenzó a escribir algunas de sus obras y trabajó con publicaciones como Fun o Figaro.

Al regresar a San Francisco continuó su labor como periodística y escritor. En 1913 inició un recorrido a través de los campos de batalla de la Guerra Civil que le llevaría hasta México donde se unió como observador al ejército de Pancho Villa para obtener información sobre la Revolución Mexicana. En Chihuahua se pierde su rastro siendo una de las desapariciones más famosas de la historia de la literatura. H.P Lovecraft y August Derleth reflejaron este hecho en la novela El que acecha en el umbral (1945).

Bierce destacó por un estilo mordaz y un fino humor cargado de ironía que reflejaba su misantropía y su pesimismo. Fue un destacado autor de relatos macabros. Por la temática y la calidad de su narrativa se le considera sucesor de otros grandes autores como Edgar Allan Poe o Nathaniel Hawthorne. Entre su obra destacan el cuento Una ocurrencia en Owl Creek Bridge o la compilación de el Diccionario del Diablo, un léxico de carácter satírico.


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Alberto de Prado
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