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De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère

De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère es un libro sobre la vida y la muerte, de la enfermedad y el amor. Carrère ahonda en las aguas de la profundidad de la existencia a través del drama de las vidas de otros. Por la potencia de su narrativa, hay quien considera al autor como el nuevo Dostoievski de las letras francesas.

Reseña: De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère

“Me pregunto qué podría inducirle a ir voluntariamente el domingo a maquillar cadáveres guiando sobre sus rostros los dedos de los parientes más próximos. Quizá simplemente el gusto de ser útil. Es para mí una motivación más misteriosa que la perversidad.” 

Y sin embargo existe este gusto de ser útil mucho más de lo que de primeras se imagina uno. Sigue siendo, empero, para mí y para Carrère, más misterioso esto, el germen de esta inclinación, que el germen de la perversidad –que también se da por doquier.

Un poco antes de este sitio del libro en que se nos muestra con extrañeza la aparición de un aparente bobo que quiere ser útil, que quiere ser amable, Carrére ya nos había hablado de un trabajador del hospital en que sucede el deceso de uno de los personajes, primum movens de la novela, con estas palabras: “En el parlamento que debía recitar, casi el mismo, a todos los visitantes, aparecía varias veces una frase: «Estamos aquí para hacer las cosas del mejor modo posible.» Sin duda esta frase era un tópico en todas las profesiones que rodean a la muerte y la desgracia, pero aun así daba la impresión de que él hacía realmente todo lo que podía para que las cosas se hicieran del mejor modo posible.”

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Una disección De vidas ajenas

Emmanuel Carrére se maravilla del mundo tanto como yo me maravillo, y tal vez por eso leo esta narración, que no deja de ser casi cotidiana, como leería la descripción de una civilización alienígena completamente diversa de la mía. Quizá sea mejor que me ponga, y ponga al autor, en el lugar del alienígena: el tono de este libro es el tono de un alienígena hablando de lo que ve en la Tierra, este sitio tan raro; al menos en la primera parte.

Para confirmar que se trata de un viajero intergaláctico realizando un informe sobre las costumbres de los habitantes de este planeta, un poco después, al final de uno de los capítulos, nos suelta esta sentencia rotunda y certera: “siempre nos complace que las personas que nos quieren señalen nuestros defectos como razones adicionales para querernos.” Desde luego es inapelable la máxima.

“Creo que hay personas cuyo núcleo central tiene una fisura prácticamente desde el principio, y que, a pesar de todos sus esfuerzos, su valentía, su buena voluntad, no pueden vivir realmente, y que una de las maneras en que la vida, que quiere vivir, se abre un camino en ellos es quizá la enfermedad, y no una cualquiera: el cáncer.”

¡Oh, predestinación aciaga! 

Entrando en la profundidad De vidas ajenas

Aquí ya entramos en materia: el cáncer, ese tema inacabable. Pero no es el centro de este De vidas ajenas, de Emmanuel Carrère, ni se trata tampoco de un coñazo sensiblero sobre superación, valentía y otros clichés de historias relacionadas con la gran C.

A partir de cierto momento encontramos un personaje que al narrador le parece tan interesante que deriva la trama hacia él (bueno, o nos hace creer que sucede así con ese tono pasmado que me recuerda tanto, de tanto en tanto, al de Enrique Vila Matas; pasmado, contundente, y rebotando del aparente cinismo a la evidente curiosidad casi infantil, pura –me remito al antedicho sentido de la maravilla).

Entre jueces y gente miserable

A medio libro, decía, empezamos a conocer a Etienne, un juez con una pata de palo.

Este juez, además de haber padecido un cáncer en su juventud y haber pasado por la amputación de una pierna, trabaja resolviendo miserias de gente miserable que es atacada por empresas (de crédito) miserables. Es juez de primera instancia. Y esto nos lleva a un pequeño desfile de esa gente miserable que se apresura a pedir dinero allá donde ve un panfleto anunciando “¡consigue YA 3000 euros!” Y esto sucede porque, explicado llanamente: “incluso cuando eres pobre tienes apetencias, ahí está el drama.”

Se podría decir que este desfile que digo es la versión del siglo XXI de El pueblo del abismo, de London.

¿Pero qué diablos está haciendo el autor en este libro? Pues eso que advierte en el título: nos habla de vidas ajenas, que son también nuestras, y nos habla desde fuera, porque comprende lo que pasa desde dentro. Cáncer, pobreza brutal, jueces con pata de palo que no tienen que preocuparse del dinero, y en fin: literatura. 


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