Creación de Personajes

Creación de Personajes

Consejos de escritura con Fernando Gómez (@buho_narramundos en Instagram)

La creación de personajes es una de las piezas más importantes de tu historia y, por tanto, afectará directamente al desarrollo de esta. Sí, al desarrollo, porque esa es la función de todos los personajes que existen en una novela: Hacer que la historia avance. Ya sea mucho, ya sea poco, su mera existencia debe hacer que la trama continúe.

Después de esta pequeña introducción, hay un par de cosas que deseo resaltar. Un personaje no es exclusivamente humano. De hecho, ni siquiera tiene que tener vida. Un golem que bloquea el paso a los protagonistas no tiene vida y es un personaje que afecta a la trama. Y no siempre va a estar presente. Puede que algunos personajes nunca aparezcan más allá de ser nombrados, pero aportan una información, un recurso o un dato útil para los protagonistas y su historia.

Dicho esto, voy a entrar en los diferentes factores clave para crear un personaje:

El primero, sin lugar a dudas, es su importancia en la historia. Para saberlo debemos responder la siguiente pregunta: ¿Marca el ritmo de la historia, o es un figurante? En función de cómo su presencia y acciones guían la historia, podrá ser un protagonista (lleva la carga y el flujo sobre sus hombros), secundario (participa de forma más o menos activa, ayudando al desarrollo de la trama y de los protagonistas) o figurante (solo miran de fondo). Determinar esto nos ayudará a aplicar un ‘tiempo en escena’ acorde a su función. Con ‘tiempo en escena’ me refiero a cuántas palabras y, por lo tanto, tiempo del lector, debemos dedicar en ese personaje. Por ejemplo, para describir un protagonista deberíamos dedicarle un par de párrafos, pero a un secundario solo un par de líneas, un párrafo a lo sumo. Por supuesto, un figurante una línea, si decidimos darle algún detalle a su presencia.

Hablando de la descripción. No voy a explicar cómo hacer una detallada, puesto que se trata de una de las cosas más personales de cada escritor, pero sí que quiero destacar varias cosas a tener en cuenta. La primera es que, por favor, haya variedad. Sí, variedad. Es decir, que los protagonistas destaquen o que, al menos, no sean parecidos entre ellos. No hay nada peor que hacer todos los protagonistas rubios de ojos azules sin una justificación clara (incluso así chirría). Y hablando de esto, que no se parezcan sus nombres ni, por supuesto, que tengan la misma entonación o inicial. Una nefasta selección de nombres entre protagonistas hará que sea un caos a la hora de leerlos y, al final, les coges manía. Por eso, aquí van un par de consejos con los nombres:

-Dales nacionalidad. Ya comenté con anterioridad que es buena idea localizar tu historia, así que debes hacer lo mismo con los nombres. Hazlos interesantes y, a su vez, especiales. Tienes muchos recursos web y métodos para hacerlo, además de poder añadirles un significado extra. Otra ventaja de esto es que si tu personaje tiene un nombre distinto al resto (John en una historia lleno de japoneses) hace que al instante destaque sobre los demás y capte la atención del lector.

-Un apellido les da pasado. Y familia, y un apodo extra, y carácter. Pero no todos valen. Es verdad que, al igual de los nombres, hay formas de generarlos. Sin embargo, los apellidos creo que debe ser algo más personal y especial. En mi caso, me gusta crearlos desde cero a través de cómo se escribe una palabra que les represente en el idioma de su nacionalidad. Esto les hará únicos, que nunca antes se ha leído.

-Los secundarios se merecen nombres… Algunas veces. En muchas ocasiones ni siquiera serán nombrados en la pequeña conversación en la que aparezcan. Pero, en caso de que sea necesario, dales uno del montón, alejado de los protagonistas y acorde al lugar. Los figurantes dudo mucho que tengan la oportunidad de aparecer tanto como para tener uno.

-El nombre se gana. El lector tiene una capacidad de memorizar nombres limitadas. Por eso, SOLO nombra aquellos que de verdad merezcan ser nombrados o, muy a malas, alguno secundario que no quede otra. Crear listas y listas de personajes secundarios lo único que hacen es dificultar la lectura, por no decir que puede convertirse en un caos y una molestia.

Quiero volver al tema de la variedad de personajes. Es importante que se muestre, tanto su exceso como su ausencia. En las historias de fantasía clásica es mucho más sencillo. Muchas razas se dividen en reinos, y solo confluyen en determinados pueblos comerciales. Que se note. Sé que se trata de un concepto más vinculado al ‘worldbuilding’, pero tenemos que tenerlo en cuenta cuando diseñemos a los personajes.

Sin embargo, en cuanto cambias un poco de género o estilo, la cosa se complica. En la fantasía más actual, o en las historias con muchos personajes secundarios, es clave darles variedad de origen y aspecto si el elemento fantástico no se trata de algo exclusivo. Una escuela de magia sin una digna variedad puede hasta parecer surrealista. Por supuesto, este aspecto se nota mucho más en las historias de ciencia ficción. Solo diré una cosa: No todo es antropomórfico. Por favor, no todas las razas que hay en la Galaxia tienen dos piernas, dos brazos y caminan erguidos. Sí, hay muy poca variedad, pero tenemos el poder de crear nuevas especies. Hagámoslo.

Dicho esto, quiero volver al punto del ‘tiempo en escena’. Ya hemos determinado los personajes y los hemos diseñado. Sin embargo, falta algo más: La motivación. Para los protagonistas es la clave de nuestra historia y, por ese motivo, hablaré de ello en otro post. Pero, ¿y qué pasa con los demás? ¿Acaso Billy, el chico al que se le cae el helado cada vez que el ladrón pasa por su lado cuando alguien lee esas letras, no tiene motivación?

Claro que sí, el pequeño Billy se merece una motivación… Y es comerse su helado. Parece fácil, pero a veces nos olvidamos que los secundarios y los figurantes NO SON protagonistas. Por lo tanto, sus motivaciones son triviales y, en algunos casos, absurdas. Pero eso es lo que no les hacen protagonista. ¿Y si el pequeño Billy pone la zancadilla al ladrón, se cae y ayuda a detenerlo? Sería un héroe. Le condecorarían, por supuesto, y hasta podrían darle la llave de la ciudad y un vale para helados por toda su vida. Pero los compañeros del ladrón también querrían venganza, y tratarían de acabar con él y toda su familia a la salida del colegio. Tendría que huir al extranjero y vivir con otra identidad, oculto entre gallinas mientras come sándwiches, y no helados como a él le gustan. Esa minúscula iniciativa del pequeño Billy, ese atisbo de motivación, le hizo pasar a ser protagonista, un papel que estoy seguro que no quería.

Los secundarios NO TIENEN mayor motivación que la de hacer lo que están haciendo: Los niños juegan, los guardias custodian, y los carteros reparten cartas. Nada más. Cualquier otro tipo de motivación puede empujarles ganar más importancia en la historia y, lo que es peor, robarle el protagonismo a nuestro personaje principal. Por eso, siempre que incorpores un personaje secundario, haz que su motivación sea sencilla y directa. En pocas palabras tiene que quedar clara cuál es su objetivo en esa escena, qué van a hacer, y cuál es su función en la historia. Y ya está.

Hay que tener mucho cuidado cuando diseñemos personajes que no son protagonista porque, si les das un nombre potente, un diseño interesante y una motivación bien justificada y potente, eclipsará tu personaje principal. Esto hará que los lectores pierdan interés en el protagonista, en su historia y en todo lo que hagan, deseando saber más de un personaje que ni siquiera tiene historia o apellido. En este caso, no solo devaluaría la historia, sino que esta perdería sentido e interés por parte del lector, cometiendo un error fatal.

Cuidado con los secundarios, pueden robarte la historia.


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Esta entrada tiene un comentario

  1. Bruja del Sur

    🙈🙈 Tengo que darle un buen repaso a cierta historia teniendo en cuenta todo esto...
    ¡Mil gracias!

    (5/5)

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