Carretera Infernal.

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Miro por el retrovisor y lo único que veo es ese camino oscuro que me trajo hasta aquí. La ruta desierta se me antoja como mi propia vida: llena de baches y soledad. Vuelvo la vista hacia adelante y la negrura se va rompiendo con la luz de mis faros. Son como ojos de fuego que iluminan el asfalto. A los costados se encuentra la nada misma pero adornada de árboles tan altos que parecen rascar el cielo, como dedos queriendo alcanzar lo imposible. Estoy atrapado, entre fierros. Y lo que es peor: con un cadáver… El de mi esposa. Pobre Claudia. Se ha convertido en mi copiloto indeseable. Su sonrisa macabra se ha clonado gracias al tajo rojo que le he dado en su garganta. La he matado si (y me
arrepiento), pero es que no he podido resistirme. Ella tan frágil en vida, ya no lo parece. Abro la ventanilla pues el nauseabundo olor a putrefacción se me ha impregnado tanto que me da la sensación de que el muerto soy yo. Además, siento unas irrefrenables ganas de vomitar. Saco la cabeza y el aire me sopapea (me lo merezco) Intenté deshacerme de mi cruel pecado, pero ha sido en vano. La dejé a la vera del camino y volvió. La he tirado del coche en movimiento y volvió. Desesperado por tal extraña situación, cavé con mis propias manos una improvisada tumba (mis uñas destrozadas y sucias así lo confirman) y otra vez
volvió. Porque siempre vuelve. Ya en el colmo de mi desesperación y con mi locura personal a flor de piel, la bajé y quemé su marchito cuerpo. La vi arder (y no en la lujuria como cuando me amaba). Vi su piel tornarse negra, mi olfato se alimentó de su carne abrasada. Observé como se transformó en cenizas . El viento se la llevó. Pero regreso. Pensé en incinerarla otra vez pero dentro del auto. Pero y ¿Luego qué? ¿Caminar? ¿Y de seguro con ella a mi lado? No, gracias. Me rendí. Seguí camino. Tampoco podía volver. Girar en U no era una opción. Pues ellos me atraparían. Pagaría por lo que hice. Regresar sería como clavarme yo también la cuchilla culpable de mi desafortunada actualidad.

Me siento escrutado. Objeto de una mirada inquisitiva. Tengo miedo. Aprieto con fuerza el acelerador. Salgo disparado. Giro mi cabeza y miro hacia atrás. No hay nada. Sin embargo siento ojos sobre mí que no me logro quitar. A mi lado Claudia sonríe de forma burlona. Se halla muy pálida y el contraste con su sangrante pescuezo es demasiado. Freno de golpe. El cinturón evita que traspase el parabrisas. Con prisa me salgo del vehículo y por fin lanzo todo mi malestar en el suelo. A lo lejos suena un trueno. Miro al cielo y un enorme ojo se hunde en una grisácea nube. Es verde y pestañea. Es como un cíclope sin cuerpo. ¿Estoy alucinando? ¿ Acaso me he adentrado en la insania? Retorno al coche. Ella sigue ahí. ( Obvio) arranco y el globo ocular volador me persigue. Luego se me presenta un túnel salvador e ingreso. Me relajo. Son escasos
segundos de tranquilidad. ¿Será tal vez la calma que precede a la tormenta? Llego al final del tubo de concreto y lo que veo me deja perplejo. Delante de
mi, una boca monstruosa abre sus fauces. Va a devorarme. Clavo los frenos. Es inútil. Me traga.

Voy cayendo por un agujero insondable, opresivo y en forma de cueva y que no es de extrañar tenga el aspecto de una garganta. Parece además que esta,
estuviese con anginas puesto que las paredes están rojizas e inflamadas. Pero lo aterrador, lo realmente perturbador son los rostros difusos que asoman. Quieren salir, despegarse de esa carne enferma que los aprisiona. Emiten quejidos de ultratumba que se alojan en mis oídos, allí mismo se internan y me producen un avance de lo que ha de venir. Es que en mi interior creo comprender que pronto he de sumarme a ese coro de lamentos desafinados. Luego Claudia me observa y divertida se abre su cercenada garganta a modo de doble castigo. Y la frase famosa se desvirtúa en mi mente. “A quien a garganta mata a garganta muere”. En la herida abierta de mi esposa sin embargo no hay más que sangre coagulada y pequeños movimientos de bichos que no deseo inspeccionar. Alejo mi vista de tal horror pero lo que hay fuera del auto no es tampoco muy placentero. Las almas torturadas ya no se conforman con solo dejarse ver, estiran sus huesudos brazos, arañan la carrocería con ansias. Un chillido metálico sobreviene y me turba aún más. La caída rumbo a lo desconocido parece ralentizarse a causa de el conjunto de tentáculos de muerte que me azota. Todo esto me trae a la mente esas constantes pesadillas que durante meses me
flagelaron en mi adolescencia a raíz de la lectura de la Divina Comedia.

Un descenso a los infiernos. Eso es lo que me sucede. No hay otra explicación. Estoy muerto y voy a mi cita con el verdugo.

Mi esposa toma mis dedos, los entrelaza, como aquel día en el altar. Después se acerca muy despacio y me abraza, esto me trae muy mala espina. Retrocedo. Mi espalda choca con la puerta. Estoy acorralado. Su cara se pega a la mía y los
insectos que no quería ver salen de su escondite y me toman como su nuevo hogar. Preso del horror, me decanto por la única decisión posible. Tomo la
manija, abro la puerta y me dejó caer. Lo hago de espaldas y sintiendo por detrás el calor eterno. Antes de adentrarme en las llamas, miró hacia arriba, el automóvil y Claudia ya no están. Por fin puedo deshacerme de ella. Mientras voy a lo inexorable, creo ver a Virgilio saludándome. Después pago por mi pecado.


Mi nombre es Patricio Scarfo y soy de Lanus oeste provincia de Buenos Aires Argentina. Tengo 43 años y en enero de este año saqué mi libro Cuentos de un martes 13 surreal el cual posee 14 relatos breves.  Entre ellos Angel guardián que ha sido grabado por el canal de youtube llamado Te lo leo de Andrea Butler junto a sus dos continuaciones. También El coleccionista, Mamushka, Metamorfosis en la edad media y Ajedrez entre otros. Mis influencias son Edgar Allan Poe y Agatha Christie. Me gusta mucho sorprender y asustar al lector con mis cuentos. Si todo sale como espero el próximo año saldrá mi nuevo libro. Quiero agregar que pueden leer parte de mi obra en la revista digital y gratuita Parasomnia. Mi Facebook es Patricio A Scarfo y mi Instagram es @pato_y_pato 


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